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Capítulo 1 - El señor osito.

Eran alrededor de las 8:00 am. Aún podía recordar la expresión en su rostro cuando se enteró de lo que paso.

– Hola Lucia, ¿no pudiste dormir bien anoche por la historia de ayer? – pregunto preocupada mi compañera Yanina.

Aun me encontraba incrédula ante la situación. Cuando nos llamaron de un instituto escolar pensé que sería la típica adolescente con complejo de diosa, pero… algo como lo de ayer… Incluso a mí me cuesta creer que todo esto fuera un accidente.

#12 horas antes#

#Adentro de pequeña habitación especial de la ORM#

– ¿Te gustaría otra tacita de té, señor osito? – fue lo primero que escuche cuando entre al cuarto –. Aquí tiene señor osito, espero que le guste el té.

Justo frente a mí, se encontraba una tierna niña de 8 años. Cabello plateado, color de ojos rojo pálido y piel clara. Estaba sentada en el suelo, jugando con un oso de peluche. Esta era una habitación infantil y la usábamos cuando por desgracia, algún infante estaba involucrado con asuntos de mayores… Jamás pensé que usaría esta habitación como sala de interrogatorios.

– ¡Hola dulzura! – saludé con mi mejor sonrisa y me acerque a ella con mucho cuidado –. Disculpa que interrumpa tu fiesta de té con tu osito, pero…

Al ver que me acercaba, la pequeña se escondió detrás de su peluche tímidamente. Me causo mucha ternura su reacción. Tenia que hacerle entender que no pasaría nada malo.

– Tranquila pequeña, no quiero hacerte daño, solo viene aquí para platica contigo y con el señor osito, ¿qué dices?

La pequeña aún seguía escondida detrás de su osito. A veces asomaba su carita para dar un vistazo y rápidamente, ocultarla de nuevo. Sera un trabajo difícil ganarme su confianza, así que…

– Mira lo que te traje – tomé la caja que tenía a un lado y la abrí –. Un rico pastel pata ti y una paletita de miel para el señor osito, ¿quieres que comamos todos juntos?

La pequeña estaba dudando un poco, pero en cuanto puso la mirada en el poste, no pudo perder su interés. Fue un par de segundos después que empezó a salir un ligero ruido de su estomaguito; ella tenía hambre.

–S-sí… Señorita… – contesto tímidamente mientras se acercaba junto a su osito de peluche en sus brazos.

Logre relajar un poco em ambiente entre ambas. Mientras comíamos, le contaba varias historias y uno que otros chistes para ganarme más su confianza.

– Es muy graciosa señorita policía – dijo, mientras estaba dando una lindas carcajadas a mis historias.

– ¡Muy bien! – tome con la cuchara el ultimo trozo de pastel y se lo di. Ella abrió la boca y alegremente se lo comió –. Ahora que estas mucho más tranquila, déjame presentarme. Mi nombre es Elena – puse mi mano en mi pecho –. Es un placer conocerte princesita, ¿cuál es tu nombre cariño? – hable dulcemente para que la pequeña platicara conmigo con mucha más seguridad.

-Mi… nombres es Alicia- dijo su sombre mientras escondía su rostro detrás de su osito.

– Tranquila mi pequeña – le di ligeros apapachos en su cabeza – Bueno… Estoy aquí para que me contaras que paso en el salón de tu escuela Alicia.

Alicia empezó a temblar de miedo al escuchar mis palabras. Note que se estaba poniendo triste, así que no tardé en calmarla.

– No te preocupes cariño, no te haremos nada, te lo prometo. Una vez que me digas que paso, te dejaremos con tus padres.

Hable en un tono relajante y lleno de confianza. Al escuchar mis palabras, Alicia realmente se alegró y dio ligeros brinquitos mientras elevaba su osito de peluche.

– ¡¿Lo dice enserio señorita Elena?!

– ¡Lo digo enserio! Es una promesa.

Alicia ya se sentía mucho más calmada. Ella tomó asiento, abrazó su peluche y esperó atenta a que dijera algo.

-Muy bien cariño, puedes hablar despacio, no hay prisa.

-Bueno yo… Era la hora del recreo…

#10 horas antes#

– ¡Muy bien niños! Es hora del almuerzo, así que vamos en orden hacia el comedor – la maestra llamó la atención de los niños.

El salón entero estaba muy animado. Los niños imitaban a los superhéroes que veían en la televisión, otros hacían dibujos con sus crayolas y las niñas, platicaban o jugaban con sus muñecas en conjunto con sus demás amigas.

– ¡Hola Alicia! ¿Cómo estás?

– ¡Hola Mariam! He estado muy bien gracias.

– Qué bueno, ¿Alicia, quieres jugar con nosotras a las muñecas?

– Si juega el señor osito, sí.

– ¡Claro! El señor osito va a jugar con nosotras ¡Ven! Te presentare a mis amigas.

Mariam tomó de la mano a Alicia para salir a jugar, pero antes de poder cruzar la puerta, fueron detenidas por la maestra.

– ¡Esperen niñas! – Las detuvo poniéndose frente a ellas –. Deben comer algo primero, así que vayan con el resto de sus compañeros hacia el comedor, y no olviden lavarse las manos primero.

– ¡Sí, maestra! – ambas contestaron al unísono.

La maestra le dio el paso y las niñas (con el resto del grupo) se dirigieron al comedor. El almuerzo fue algo sencillo, y mientras comían, las niñas platicaban sobre qué querían ser cuando fueran grandes y los niños, discutían que personaje era el más poderoso en las caricaturas.

Todo fue tranquilo hasta que eran las 11:00 am, cuando llego la maestra de educación física.

– Muy bien pequeños, vayan a cambiarse y recuerden… las niñas en un salón aparte y los niños se quedan aquí.

Las niñas se cambiaron a otro salón y los chicos se quedaron en el mismo lugar. La profesora de educación física acompañó a todas las infantes y dejó a los niños por su cuenta.

– ¡Estas lista Alicia! Esta vez correré más tiempo que tú.

– ¡No! Esta vez yo te…

– ¿Alicia? – Mariam vio preocupada a Alicia – ¿Que sucede Alicia?

– ¡El señor osito, no lo encuentro! – Alicia se estaba asustando por no encontrar su peluche, así que se dio la vuelta y hablo –. Iré a buscarlo en el otro salón de clases, creo que puse al señor osito en mi asiento.

– No puedes ir Alicia. La maestra te regañara si vas sin su permiso, además, están los chicos y te molestarán.

– ¡No me importa! El señor osito debe estar siendo maltratado. Le diré a la maestra que voy al baño y vuelvo en seguida.

Ambas niñas fueron rápidamente con su maestra para pedirle permiso. Ella acepto, pero solo podía dejar a una persona en ir al baño, así que Mariam solo pudo esperar a que regresara Alicia.

Alicia corrio hacia el salón de los chicos a toda velocidad. Podía sentir como temblaba al solo pensar todas las cosas malas que le podrían suceder al señor osito.

“Señor oso, espere ya voy en camino para rescatarlo”, pensaba Alicia mientras corría en el pasillo. Fue una larga carrera hasta que por fin había llegado a su destino. Estaba muy agotada por correr con todas sus fuerzas. Permaneció de pies hasta que escuchó a los niños hablar.

– Jajaja, miren como golpeo a este feo oso ¡El será el jefe final para salvar a nuestra ciudad!

– ¡Hazlo! – la multitud de niños gritó.

Sus peores miedos se volvieron realidad. Sin dudarlo dos veces, Alicia abrió la puerta con todas sus fuerzas para ver que estaban haciendo los niños.

Cuando Alicia abrió la puerta, vio a su peluche totalmente maltratado, sucio y lleno de arañazos. Los niños habían estado jugando con él por un largo rato sin ningún cuidado.

– ¡¿Q-Qué le hicieron al señor osito…?! – Alicia habló con una voz temblorosa; quería llorar al ver a su osito tirado en el piso.

– ¡Él era un villano muy débil! – un niño contestó burlonamente –. Así que le dimos una lección a ese feo oso, jajaja – el mismo niño se empezó a burlar más fuerte mientras movía al oso de una lado a otro como si se tratase de un trapo viejo.

Las lágrimas de Alicia no tardaron en caer mientras miraba con impotencia y dolor al señor osito.

– Dejen al señor osito en paz.

– Los villanos deben ser destruidos, no podemos dártelo niña, así que mejor vete con las otras niñas a jugar a las princesas o a la comidita.

Todos los del salón se empezaron a burlar mientras miraban como lloraba la pobre niña. Alicia no lo pudo soportar. Cerró los ojos y les gritó a todos los chicos del salón con gran ira.

– ¡Dije que soltaran al señor osito!

Fue un grito que apago toda la alegría en los niños. Todos permanecieron en silencio hasta que lentamente se estaban empezando a sentir mal. No tardo mucho cuando todos sus compañeros cayeron desmayados.

Las risas, las burlas, todo lo que había en el salón desapareció en un abrir y cerrar de ojos. Alicia volvió abrir sus ojitos poco después. Miro por los alrededores del salón y no vio ni escucho nada de sus compañeros. Se sentía confundida del por qué todos los niños desaparecieron de repente.

Siguió preguntándose donde estaban todos hasta que giro su cabeza hacia la dirección de su peluche y se levantó a toda prisa para ir a recogerlo.

– ¡Señor osito!

Alicia corrió desespera hacia su peluche hasta que en uno de sus pasos, escuchó un sonido raro. Miro de un lado a otro buscando de donde provenía dicho sonido, pero no había nada. Siguió su camino creyendo que solo era un insecto lo que había pisado.

Levantó su peluche y le limpio todo el polvo que tenía encima. Lo miro alegre y lo abrazo con todas sus fuerzas. El señor osito estaba a salvo, así que Alicia solo quería regresar de nuevo hacia el otro salón de clases donde se encontraba Mariam.

Se dio la media vuelta y para su sorpresa, la puerta se abrió. Era Mariam, quien aún no se había cambiado de uniforme.

– ¿Mariam, que haces aquí? ¿Por qué no te has cambiado? Y ¿Dónde está la maestra? – Alicia preguntaba mientras caminaba en dirección a su amiga.

– La maestra nos dijo que no tendríamos clase de educación física. Al parecer paso algo y todos los maestros se reunieron. Ella nos dijo que nos volviéramos a cambiar y… – Mariam noto algo en Alicia – ¿Estás bien? ¿No te hicieron daño los niños Alicia?

– E-Estoy bien Mimi, ellos no me hicieron nada – Alicia se notaba nerviosa. No quería contarle que de repente todos los niños desaparecieron. Ella pensaba que no le creerían su historia, así que mejor decidió ocultarlo.

– ¿Dónde estarán los niños, acaso fueron a otro salón? – Mariam entro tranquilamente en el salón hasta que escucho un sonido. Miro su pie y puso una cara de asco – ¡Iiuu! Creo que pise algo – ella levanto su zapato y miró que tenía algo pegado en su suela.

Miró atenta como un una plasta de colores escarlata, negro y marrón se expandían y mezclaban por la suela de su zapato.

– ¿Qué clase de insecto es este? Reventó como un globo de agua cuando lo pise – Mariam miro el suelo y noto algo – ¿Acaso hay más de esos bichos por aquí? –la piel de Mariam se erizó cuando pensó que había más de esas criaturas por ahí en el piso.

– Discúlpa que no te avisara Mariam, pero… ¡debo ir a cambiarme de uniforme! – Alicia se levantó y salió a toda prisa sin decir nada más. Se llevó a su peluche entre sus brazos y corrió por todo el pasillo sin mirar atrás.

#En el piso del salón#

– ¿Qué me pasó? ¿Dónde estoy? – Uno de los niños tirados en el piso se levantó confundido mientras se tocaba la cabeza.

Miró por su alrededor y notó que estaba cerca de una de las patas de su silla.Se sorprendió tanto al ver el nuevo tamaño del salón que termino orinándose encima. Dio varios pasos atrás y giraba con desesperación la cabeza, buscando una respuesta a todo lo que paso mientras estaba dormido.

– ¡¿Qué sucedió aquí?! – El niño apenas pudo formular esa pregunta.

Siguió buscando respuestas hasta que notó a otro de sus compañeros ahí tirado. Él tenía miedo de ir a ver a su compañero. Dio un par de pasos hasta que de la nada sintió que el suelo empezó a temblar seguido de unos fuertes estruendos en otra dirección.

Al ver de dónde venían esos sonidos, notó a la nueva Alicia y su enorme estatura. Su mente no lo soportó, colapsó ante tal asombro. Miró atento hasta que la enorme niña comenzó a caminar en su dirección.

Él niño tenía mucho miedo de como el enorme pie de Alicia se acercaba. Sin mucha esperanza, él se hizo bolita y espero en ser pisado. Los temblores se hacían cada vez más fuertes hasta que escucho (en una de las pisadas de la enorme Alicia) algo extraño. Dejó de cubrirse y miró como el pie de Alicia pasó más delante de él.

Miró atento como el pie de Alicia se levantó, y revelo un gran charco de sangre y huesos rotos incrustados en el suelo y la suela del zapato.

– ¡Mama… ayúdame! – Lloro sin parar al presenciar dicha escena.

A unos cuantos centímetros, estaba otro niño que presenció la horrible acción.

– Alicia… ¡Alicia lo piso! – gritó, mientras intentaba no vomitar al ver los restos de su compañero –. Tengo que huir…. Tengo que escapar de aquí o terminare bajo el pie de Alicia – el niño empezó a correr a un lugar seguro.

Se le hizo una eternidad correr hacia la otra esquina, cuando sintió un fuerte sonido que venía de la puerta. Se detuvo un momento al abrirse la puerta, se dio cuenta que era una gigantesca Mariam. Al verla sintió mucho más temor y corrió más de lo que podía.

Vio como Mariam empezó a caminar hacia él. El fuerte sonido de las pisadas de Mariam fueron ensordecedores. Eran tan fuertes los temblores y el sonido de las pisadas que el niño terminó tropezando.

Se dio la vuelta aun tirado en el suelo y vio cómo se acercaba el enorme zapato de Mariam.

– ¡No espera… ayuda! – Gritó con todas sus fuerzas, pero era inútil, el zapato lo aplastó sin mucha dificultad. Había reventado como un globo. Sus huesos estaban hechos añicos y solo quedaron muy pocas partes del pobre chico ahí abajo.

#Mariam#

– ¿Estará bien Alicia? ¿Qué le pasara…? Debe ser por su oso de peluche. Los niños jugaron con él, así que cuando llegó al salón vio su osito tirado y sucio… ¡Tontos! Lastimaron al señor osito y a Alicia.

Mariam se notaba un poco molesta, y antes de poder ir con su amiga, varias de sus compañeras regresaron al salón.

– Hola Mariam, ¿qué paso? – dice una de sus compañeras.

– ¿Dónde están los chicos? – dice otra compañera mientras observa el salón vacío.

– Alicia se fue corriendo sin decirnos nada… La vimos algo preocupada – otra compañera responde.

– No estoy segura… Solo sé que los chicos le hicieron daño a su oso de peluche – Miriam responde enojada a sus compañeras.

– Sí. Los niños siempre están molestándonos. Nos jalan de nuestro cabello y se burlan de nosotras – una compañera se queja.

– ¡Si! – Dicen las cuatro niñas al unísono.

– ¡Que asco! Acabo de pisar algo…

Al escuchar como una de sus amigas, ella volvió a recordar lo que paso hace unos momentos.

– ¡Acabo de recordar algo! – exclamo Miriam –. Había unos insectos muy raros en el suelo. Cuando pise a uno, exploto como un globo de agua.

Algunas niñas tenían curiosidad de lo que dijo Miriam, y otras tenían miedo de verlos o siquiera pisarlos.

– Debemos aplastar a esos bichos raros o nos picaran o algo peor – Miriam hablo con fuerza.

Las niñas se motivaron debido a su curiosidad y algunas se negaron, pero la mayoría apoyo la idea y comenzaron a dar caza a los pequeños “insectos”.

#Devuelta en el piso del salón#

Todos los niños estaban horrorizados al escuchar las palabras de Mimi. Algunos rogaron porque solo fuera una broma, otros corrieron en dirección a las enormes niñas, tratando de detenerlas, pero en cuanto vieron como la primera víctima fue aplastada por el enorme pie de Miriam, dieron la vuelta y no dudaron en correr a cualquier zona segura que estaba en el salón.

– ¡Corre o te pisarán! – gritaba un chico a su compañero de al lado.

– Voy detrás de ti.

–¡Apresúrate, si no… Agh! – ambos niños fueron aplastados rápidamente por una de sus compañera, dejando un una marca de sangre y carne en el zapato y el piso.

– ¡Yay! Aplasté a dos Miriam – exclamó triunfante la niña.

– ¡Encontré otro! – grito otra niña, mientras daba varios pisotones en el suelo.

Era una escena indescriptible. Los niños podían escuchar como los gritos de sus compañeros eran silenciados por los enormes zapatos de sus compañeras. Miraban al cielo y lo último que podían ver, era como una enorme suela se volvía más y más grande hasta que la presión los capturaba y los transformaba en una plasta de carne, sangre y huesos triturados.

– Ayúdanos mamá… ¡Agh! – suplicó un niño antes que Miriam lo aplastara.

– Carla… perdóname, yo solo… ¡No! – el pie bajó con tal furia que el pequeño cuerpo exploto, derramando su sangre por varias partes.

Las chicas se estaba divirtiendo al pisarlos. Reían, aplaudían, contaban cuantos habían pisado y se lo decían a Miriam. El piso entero se cubrió de varios puntos rojos y las suelas de sus zapatos también.

– Que criatura tan rara – una niña hablo mientras sostenía a un chico entre sus dedos.

El niño no podía hablar debido al miedo. Estaba llorando mientras veía a sus compañeros ser aplastado por las gigantescas niñas.

– Estos insectos son muy frágiles – comentó la niña con un tono burlón mientras lentamente estaba aplastando al pobre chico en sus dedos.

Ya no podía respirar. La fuerza de aquellos dedos era agonizante. Gritó hasta que comenzó a escupir sangre. Intento zafarse, pero murió mientras miraba la sonrisa de la niña que lo estaba aplastando.

– ¡Que divertido! Creo que si llego a encontrarme a otro de esos bichos por aquí me lo llevare a mi casa – comento Miriam, mientras barría con la mirada el suelo intentando encontrar a uno.

Siguió buscando hasta que encontró uno. Solo quedaba 1 sobreviviente. Él había sido atrapado por una de sus compañeras.

– ¡Mira Miriam! Atrape a uno de ellos, ¿qué quieres hacer con él?

– No lo se – su amiga abre la mano para entregárselo a Miriam –. Son frágiles y si no tengo cuidado, los matare muy rápido así que…

Justo cuando Miriam estaba a punto de guardar al pobre niño en el bolsillo de su suéter, se escuchó un grito.

– ¡Alto! Dejen de hacer lo que estén haciendo niñas.

Las niñas se asustaron por el grito repentino de la maestra. Todas se quedaron en silencio mientras veían a la mujer acercarse a ellas.

– Niñas denme a ese niño ahora.

– ¿Niño? Acaso no es un nuevo insecto con forma de niño.

– ¿De donde sacaron esa loca idea? ¡Es un niño humano! No es un insecto ni nada parecido.

Todas las chicas que estaban dentro del salón, al escuchar lo que dijo la maestra, se sintieron culpables. Miraron al pobre niño encogido y después, todo el piso lleno de lo que antes eran sus compañeros de clase. Miriam entregó al chico obedientemente a la muestra.

– Tranquilo pequeño, ya estas a salvo, no te hare daño.

La profesora intento que el niño volviera en sí, pero nada de lo que intentaba estaba funcionando, en niño estaba en un estado de shock intenso. El comunicador de la maestra sonó.

– ¿Yan encontraron a la niña que emitió esa fuerte cantidad de magia?

– ¡Ya directora! – contesto rápidamente la maestra –. Ahora está siendo llevada con las demás profesoras.

– ¿No paso nada grave?

Un silencio se marcó después de eso. La maestra miro a las niñas y ellas no podían creer todo lo que pasó. El piso era una escena que jamás podrán borrar del instituto. Al cabo de unos minutos, la directora hablo de nuevo.

– Llamare a la ORM…

#Devuelta al presente#

– La niña del peluche nos contó una parte y el otro chico que sobrevivió a la masacre por parte de sus compañeras también.

– Buen trabajo Elena, ¿debió ser difícil hablar con ellos verdad?

– Con Alicia fue algo fácil, pero por el lado del chico, fue mucho más difícil que nos contara su historia de los hechos… Aún sigue en shock y todas las niñas que participaron en la masacre se sintieron culpables, pero…

– No todas Alicia…

Esas palabras sonaron en mi cabeza. Fue algo que no me esperaba y mire llena de incredulidad a mi jefa hasta después de un rato.

– ¡¿Cómo que no todas?! – pregunte sin poder creerlo.

– Veras… Había un tercer implicado… Y cuando me contó su versión de lo ocurrido… No concuerda con lo que dijo Alicia o el niño

– ¿Quién es el tercer implicado?

#En otra sala de juego#

– ¿Así que intentaste detener a tus amigas?

– Sí…

– Cuándo encontraste a tu compañero… Lo rescataste y fue cuando llego tu maestra, ¿verdad?

– Sí

La mire directamente a sus ojos. Cabello castaño, ojos color café claro y piel de albaricoque… Mire detenidamente a Miriam hasta que ella volvió de nuevo a jugar.

– ¿Todo lo que me contaste… es verdad, Miriam?

Fue un leve silencio que hizo que Mariam dejara de jugar. Ella bajo los juguetes y contesto.

–… Sí…

#Devuelta al presente#

– ¡Que la diosa nos ayude! No quiero que esas pequeñas terminen como esas mujeres locas que solo matan por placer. Desde ahora quiero que las vigilen si presentan un signo de magia en ellas o sus familiares… ¿Entendiste?

– ¡Sí!

– Está bien Elena, puedes retirarte…

– Gracias, con su permiso me retirare.

Elena caminó a la puerta que estaba a un lado y se retiró con un agridulce sabor por este caso.

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